acunando los infiernos de mi mente

Me ahogo,
como quien busca
desesperadamente
la salida del laberinto
y no la encuentra.
Los edificios son demasiado altos,
el pavimento demasiado gris,
la gente demasiado cuerda
y el cielo está tan alto,
que casi no existe para mi.

TARDE EN LA FLORESTA
Las hormigas pasean libremente por mis piernas
abriéndose paso por entre la selva de mi bello,
las moscas fabrican su zumbido
en el silencio de una tarde
de casiverano;
una mariposa,
cual pirata bucanero,
asalta una a una
las flores que se encuentra en su camino
en busca de su tesoro más preciado
(es una especie de violación biodegradable),
la fragancia de la higuera
perfuma las palabras
que van saliendo de mi mente,
las hormigas,
tozudas obreras,
insisten en visitar las piernas
de ese ente físico
que ha invadido su terreno.
El Sol empieza a calentar con crudeza,
pero la higuera
me arropa generosamente con su sombra
y yo se lo agradezco
con el bálsamo de mi silencio.
La tranquilidad de esta tarde
es como una pequeña utopía
que cicatriza las heridas abiertas
por la asfixia asmática de la ciudad.
El viento vuelve activar con bravura
su rugido de hojas,
las hormigas buscan nuevos senderos
por entre mi piel
y la tarde continúa
plácida y tierna
con su perfume de higuera
alisando las arrugas de mi frente,
acunando los infiernos de mi mente.
(se trata de eso, de simplemente sentarse a escribir un poema; tomarme mi tiempo para hacer las cosas una a una. Que mi cuerpo y mi mente concentren todo su flujo sanguíneo en lo que estoy haciendo, tan solo en lo que estoy haciendo. De esta manera, el cuerpo se relaja, la concentración se concentra y así puedo llegar a placenteros parajes de mi profundidad. Me he sentado simplemente a estar donde estoy, conectándome con lo que me rodea y dejando que lo que absorben mis sentidos se conviertan en palabras escritas. Me he sentado simplemente a escribir un poema, tan solo eso, sin prisas y sin estar pendiente de otras cosas que torpedeen mi concentración y no me dejan estar donde estoy, haciendo lo que simplemente hago. Me he sentado a escribir un poema y resulta que se trataba simplemente de eso…)
————————————–
En estos días
de miseria preñada de incertidumbre,
en estos días
que la ausencia de dinero
asesina porciones de mi felicidad,
en estos días
en los que intento vislumbrar
la silueta de mi futuro
entre la maleza de mis neuronas,
en estos días
en que la miseria
flirtea despiadadamente
con mi rutina,
en estos días…
me he encontrado con un fuego
que me calienta por lugares
que creía olvidados.
———————————
En esta noche de nubes quietas,
de verano con sudor en la frente
y cierta brisa acechando en mi pecho,
en esta noche insomne
con eco de televisores ajenos
sonando por lontanza
y con una vecina
que incita a mis ojos al espionaje,
en esta noche de ciudad sin salida
y de días tejiéndome el malpan
que llevo a mi boca,
en esta noche
cuna de mis días
en los que no encuentro la manera
de abrirme camino
entre mi camino,
en esta noche sin sueño
de tinta despierta
y de clarividencia afilada
entre mis dientes,
en esta noche me hallo,
en esta noche estoy,
en esta noche respiro calmo
y me dedico a mi mismo
un bálsamo de optimismo
para adocenar las venas
que corretean por mis miedos.
————————————-
De nuevo el mar
se encuentra con mi soledad
o mi soledad se encuentra con el mar
o la soledad se encuentra conmigo
o yo me encuentro con mi soledad
o viceversa
o versavice.
———————————
Ante el mar no hay excusas,
es un espejo
que refleja mi vida a cielo abierto
y con la salitre acechando mi piel.
Ante el mar,
sentado en la playa,
escuchando ecos de gaviotas
y viendo como la noche
va tomando terreno por entre las olas,
noche tardía de verano,
uno se siente desnudo,
indefenso frente a uno mismo
y una a una,
las batallas pendientes
que anidan en el rincón más íntimo
de mis huesos,
salen a flote.
Se muestran ante mi
con la violencia y la crueldad
del que quiere pero no puede.
Ante el mar,
sentado en la playa
y con la noche ya caída,
la soledad se hace carne,
carne de verdugo
y aprieta la asfixia de mi pecho,
me ciñe el cuerpo
por todos sus meandros…
Ante el mar la soledad me mira a los ojos.
———————————
Cuerpos recién salinizados por el mar
pasean su verano
por la orilla de la ciudad.
Cuerpos que se gustan a si mismos
desfilan por entre la gente
como carnaza y presa fácil
para el vouyeur
que habita en el mismo centro
de todas las pupilas.
Es verano,
la vida se suda a si misma
e intenta abrir retazos de rebelión
contra la miseria del día a día.
——————-
A la vida
solo le pido vida.
————————–
Otra vez la noche
me atrapa en su silencio
de ruidos urbanos.
Una noctámbula vecina
se fuma un cigarro en su terraza.
Otro noctámbulo vecino
se enciende otro cigarro
en la penumbra de su balcón.
No pueden verse entre ellos,
pero yo desde mi galería
los veo a los dos
como mero espectador de esta noche
que me atrapa en su silencio
de ruidos urbanos.
Me voy a hacer un cigarro…
——————————-
Vendrán tiempo mejores
porque tienen que venir,
porque no hay más remedio,
porque la lírica
ya necesita tiempo
para sus estrofas.
Vendrán tiempos mejores
porque tienen que venir,
porque toca
y porque dios aprieta pero no ahoga,
pero si no ahoga
finalmente acaba perdiendo las fuerzas
para seguir apretando.
Vendrán tiempos mejores
porque tienen que venir,
porque la tristeza
lleva en el dorso
su fecha de caducidad
y porque de una vez por todas
la mañana traerá consigo
el sol de un nuevo día.

Glòria, a vore si ara t’és més fàcil d’entendre, jeje! son 10 poemes…

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