diario de un nuevo pobre

CONFUCIO (perdón quería decir PREFACIO).

Disculpen las molestias y molestien las diculpas,. Este texto no es más que una broma de mal o de buen gusto. No es verdad, ni es mentira, pero sobretodo no depende del color del cristal con que se mira. Es mentira y es verdad, es una ficción basada en hechos ficticiamente reales que se entrelazan como una enredadera con hechos realmente ficticios. Es un brote de gamberrismo, una vacuna contra el tedio, una terapia de bajo coste, una rebelión contra uno mismo y contra uno no mismo, una burlona estrategia de supervivencia.

Gente osada, de poco saber, se atreve a decir que es un texto autobiográfico, la cual cosa aprovecho este prólogo para negar rotundamente y afirmar taxativamente que cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia, aunque las coincidencias, como las meigas, habeilas hailas.

Este texto es un estudio minucioso de una nueva subespecie muy antigua, que tiene su origen en el principio de los tiempos, en los que unos señores dijeron esta tierra es mía y no tuya, que aflora con fuerza por la calles de nuestra actualidad. Está hecho sin ningún tipo de contrastación científica y basándose en la antropología zoológica social ecuménica y apóstata.

Si hay alguien que se pueda sentir ofendido por mis palabras, espero que me sepa disculpar, pero lo he hecho a propósito. Quizás haya quien se sienta identificado con el texto, pero no le guste el tono cínico-ácido-sarcástico y ello le moleste, ya que le puede parecer que me estoy riendo de su realidad. En ese caso, tan solo le puedo aconsejar que aprenda también él a reírse de si mismo y que aprenda a echar un poco de humor al revoltijo de su miserable vida, porque quizás llegue un momento, que sea la única forma de sobrevivir. Si exorcizamos nuestros demonios pesaremos menos.

Así mismo, aunque no venga a cuento, pero cuente mucho para mi, desde la altura que da hablar desde esta tribuna, quiero mandar un beso en los labios a todas aquellas mujeres que un día quise besar y no pude (por el motivo que sea, no entraremos en detalles) y de paso decir a todas aquellas mujeres que me gustaría besar, que no se hagan de rogar más por favor, que la vida son cuatro días y con esto de los recortes ni a cuatro días dicen que va a llegar.

Sin más preámbulos, les invito a pasar y les doy la bienvenida al mágico-mísero mundo del “nuevo pobre”!!!

DIARIO DE UN NUEVO POBRE.

Hace unos años se solía hablar con cierto desdén de una categoría que hacía referencia a un nuevo estamento social, estoy hablando de los nuevos ricos. Esos que daban tanta rabia, que les había tocado la lotería, una herencia inesperada o un golpe de suerte en algún determinado negocio. Pues parece ser que esta casta de personajes está de capa caída. Cada vez hay menos “nuevos ricos” o al menos cada vez es más difícil serlo.

En cambio, lo que si que está en auge, es la categoría social de “nuevos pobres”. Este si que es un estamento que cada día tiene más gente en sus filas y más adeptos forzosos. No suelen destacar mucho, ya que por la calle no suelen llamar la atención. Visten como han vestido siempre, caminan normal, si no les ha pasado nada raro, suelen tener como todo el mundo, la cabeza encima los hombros, dos brazos y dos piernas, que suelen terminar en lo que comúnmente se denominan pies o manos. Para quien vaya un poco perdido en la descripción y para que se haga una mejor idea, solo me cabe añadir que normalmente lo que son las manos suelen ir al final de los brazos y lo que son los pies al final de las piernas. Si ven a alguien con los pies al final de los brazos y las manos al final de las piernas, no suele tratarse un “nuevo pobre”, se trata de otra cosa, en la cual mejor no voy a entrar… En definitiva, que suelen ser personas que no llaman la atención por la calle, el hecho de ser nuevo pobre, no lo llevan escrito en la frente.

Es como aquello de las películas y de los antiguas publicaciones de “sucesos” en los que siempre se decía, “pues parecía un chico normal”,” …por la mañana te daba los buenos días y por la tarde las buenas tardes; nunca me había intentado matar, no entiendo como ha podido matar a doce chicas en doce días para hacerse un largo tendedero con la piel de sus intestinos???” Claro, nadie lo diría porque de eso se trata, los psicópatas profesionales deben disimular, sino la gente cuando lo viera por la calle pensaría: “mira, seguro que éste en unos días va a matar doce chicas y va a hacer un tendedero con…” y así seguro que lo pillarían o como mínimo nadie podría decir el clásico comentario de “pues parecía un chico tan normal”. Pues bien, lo mismo pasa con los “nuevos pobres” porque como tampoco es algo muy agradable, pues lo disimulan todo lo que pueden y haciendo cierto esfuerzo, a los ojos de ciertos transeúntes pueden llegar a pasar por clase media más o menos acomodada, aunque con una acomodación un poco sui generis.

Lo más curioso es que mucho de ellos aparentemente no viven en los márgenes de la exclusión social. Suelen tener un trabajo y un techo donde vivir, pero como hoy en día, tener un trabajo no es garantía de nada, bueno sí, es garantía de importantes dosis de explotación, de bajos sueldos, de recortes en derechos laborales, de tener miedo a perder el trabajo, de no tener tiempo para ti, de esforzarte para otros a cambio de unos papeles que después no te van a garantizar una vida digna en muchos casos y un largo etcétera. Todo esto si que te garantiza un trabajo.

Así, que como iba diciendo esta nueva subespecie, que hace cuatro días podía permitirse el lujo de ir al cine dos veces al mes, hinchar su barriga de cerveza un poco más de lo debido y comprarse una vez a la semana cien gramos de esa coca tan buena que hacen en el “forn” que tienen cerca de casa, además de trabajar, también suelen tener un techo dónde vivir. Así que gran parte de su sueldo, lo tiene que destinar a ese techo, pues mira que son caros los techos, no? Gran parte de su sueldo, por no decir el sueldo casi entero, lo destina a pagar el alquiler de su piso. El dinero que cobra pasa por su cuenta bancaria casi sin dejar huella; es como un dinero fantasma que apenas tiene tiempo de dejar rastro en la pantalla de cajero automático. De hecho se está planteando, decirle a su jefe que no le pasé el dinero a él, sino que se lo ingrese directamente a la cuenta del dueño de su piso, así al menos no se hará ilusiones de tener esa cantidad de dinero y no poder hacer ningún uso placentero, más allá de pagar su alquiler. Es decir, que a fin y al cabo, el “nuevo pobre”, si trabaja, suele trabajar directamente para el dueño o dueña de su piso, ese es su verdadero jefe. De hecho es el peor de los jefes posibles, ya que éste no te paga, sino que te cobra.

De esta manera, el “nuevo pobre”, el segundo día de cada mes, le suele quedar una cantidad irrisoria para pasar el mes. De hecho, cuando lo verifica en su cajero automático, del altavoz de la pantalla suelen salir una socarronas risillas en su honor, que el encaja con soberana frustración. Aunque lo normal, no es que le quede una cantidad irrisoria para acabar el mes, lo normal es que le queden deudas para acabar el mes, que le queden números rojos para acabar el mes, porque claro, además del alquiler de su techo, se empeña en tener algunos gastos más. Está empecinado en seguir teniendo luz, gas, teléfono, etc. Aún se permite tener este tipo de lujos que poco a poco deberá ir recortando, evidentemente. Pero a pesar de ello, el tercer día de cada mes, se levanta con una sonrisa en los labios y se dice así mismo. “…pero bueno, qué importa, qué es el dinero? al fin y al cabo, no es más que un papel…hay cosas más importantes que el dinero…” Y aunque sea cierto, en el fondo sabe que no es más que un brillante autoengaño para poder resistir los 27 días que le faltan para llegar a fin de mes.

Esta realidad, tan emocionante, le lleva a reflexionar continuamente sobre un tema que le ronda por la cabeza: “…no me saldría más a cuenta vivir bajo un puente?” se pregunta así mismo. Así el dinero que gana con su esfuerzo sería íntegramente para él y podría darle algunas salidas un poco más placenteras e interesantes. En sus sueños de vigilia, piensa que si no tuviera que pagar el alquiler sería el rey del mambo con el miserable sueldo que cobra. Si viviera bajo un puente, sin tener que pagar por un techo, podría pagarse un gimnasio donde podría ducharse y asearse cada día (al mismo tiempo, que disfrutar de su piscina), durante el día podría disfrutar de las magnificas instalaciones de las bibliotecas públicas aclimatadas y con acceso gratuito a internet, comería mejor, ya que podría destinar mayor cantidad de dinero en la comida, podría deshacerse de la sempiterna deuda bancaria (hasta podría dejar de tener cuenta en ningún banco), podría aumentar su nivel de vida social que requiere cierto dispendio, como ahora ir al cine, alguna cena con los amigos y alguna cervecita de más en las terrazas de su ciudad, en definitiva, sería más libre y tendría una mejor calidad de vida. Eso si, la contraprestación sería que tendría que dormir debajo de un puente y deshacerse de todas sus cosas o redistribuirlas en casa de familiares o amigos.

A pesar de los enormes beneficios, el “nuevo pobre”, aún tiene demasiados prejuicios y no tiene la valentía suficiente apara asumir esta contraprestación nocturna, prefiere tener sus pertenencias (incluida su persona) bajo un techo, trabajar para el dueño de su piso y experimentar la admirable sensación de vivir sin dinero, endeudado con su banco y subiendo la cuesta de enero, mes tras mes, esperando cobrar un dinero que nunca podrá disfrutar de él. Puede que haya cierto masoquismo en esta opción, pero es que aún arrastramos mucho lastre del concepto de sacrificio de la tradición judeo-cristiana y al fin y al cabo es la decisión que toma.

Volviendo al tema monetario, “el nuevo pobre” suele ser un perfecto profesional de los números rojos. Está especializado en una infinita modalidad de números rojos, desde las tonalidades más malvas y rosáceas, pasando por el estimulante rojo carmín, hasta las tonalidades más marronáceas, a cuál más divertida (se arguye que esta última modalidad es la más peliaguda) de hecho se plantea remarcarlo en su currículum, en el apartado de experiencia neo-realista, como si su vida estuviera dividida en géneros cinematográficos.

Se dice, también, que también suelen ser unos grandes malabaristas que mueven de arriba abajo con envidiable acierto, dinero fantasma, cual si de circenses mazas se tratara. Como no suelen tener suficiente dinero para cubrir sus gastos, remueven su dinero inexistente de la tarjeta de crédito a la de débito, convirtiendo todo lo que tocan en débito, cuales expertos trileros: dónde está la bolita? Dónde está el dinero? en ninguna parte!

Cual estúpido surrealismo que camina por la fina cuerda de la maquillada miseria, cuando no pueden pagar uno de esos gastos mensuales, paga un dinero al banco, para que le de dinero para poder pagar una factura, que después deberá pagar al banco con intereses, que quizás tenga que pagar, pagando otro dinero al banco, para que le de dinero para poder pagar una factura, que después deberá pagar…un tétrico bucle vicioso, una espiral de violencia monetaria, sin fondo y sin fin, un perverso mecanismo de subsistencia que le permite seguir viviendo aunque sea con la cabeza medio gacha.

Así mismo, aunque parezca mentira, encontramos una similitud entre los antiguos nuevos ricos y los actuales nuevos pobres, los dos se interesan por los intereses del banco. Los primeros se interesaban por los intereses que podrían cobrar por su dinero y estos últimos se interesan por los intereses que les quitan por tener su cuenta en números rojos un tiempo superior al que ellos creen apropiado.

No solamente tienen la desgracia de no tener suficiente dinero para abastecer su vida y la vergüenza de que el banco tenga que facilitárselo temporalmente quedando rojiza su cuenta, sino que además, si pasa más de una semana y lo rojizo de la cuenta sigue sin variar, además de todo ello, te cobran intereses por la tozudería de seguir pintando de rojo la silueta de sus números. Y muy concretamente, en una caja de ahorros que abunda en el páramo catalán, un “nuevo pobre” anónimo descubrió que si le cobran intereses por ello, tiene derecho a reclamar para solicitar que le devuelvan los intereses que le han cobrado, pero para poder hacer la reclamación le cobran 30 euros. Se dice, que cuando la amable señorita le explicó los intríngulis de esta operación bancaria, el “nuevo pobre” en cuestión se puso a bailar una muñeira delante de ella, no se sabe si como inexplicable arrebato de alegría o como diciendo si vosotros sois capaces de idear este absurdo, yo voy a crear el mío propio. Así que tenéis que saber que cuando veáis a alguien bailando una muñeira dentro de un banco, se trata de un “nuevo pobre” que se acaba de enterar de las bondades de su entidad bancaria.

Algunos “nuevos pobres”, siguiendo la estela de oposición frontal a los bancos de estos últimos meses, tienen el deseo de cerrar sus cuentas bancarias y meter su poco dinero en un calcetín de su casa o al menos trasladarlo a otro banco un poco más ético (si es que estos existen), pero ni eso pueden hacer, porque la deuda que acumulan, les tiene cogido por los…y ni ser coherentes con su forma de pensar pueden
Dejemos a un lado ya el tema de los bancos, que ya le hemos dado demasiado revuelo y centrémonos en aspectos más importantes de la vida de un nuevo pobre, como es su alimentación.

Muchos de ellos, antes de adherirse a esta nueva categoría social, solían ser presumidos carnívoros que no acababan de entender como había gente que era capaz de ser vegetariana. Pues resulta, que muchos de ellos por obra y gracia de su miseria han pasado a ser vegetarianos, casi sin darse cuenta ellos mismos, ya que evidentemente es más económico y están aprendiendo a elaborar múltiples combinaciones culinarias a base de tomate, cebolla, arroz, berenjena y a lo sumo algún champiñón que otro.

Y eso de ser previsor y comprar todo tipo de comida para tener siempre la despensa llena, también se les acabó. Se han autoimpuesto tajantemente una norma que dice que la previsión es un lujo que no se pueden permitir y que hasta no se acabe el último grano de arroz nadie mueve un pie hacia el supermercado. Personas cercanas a él le dicen que se le ve más delgado, pero él lo niega rotundamente y afirma que no es más que un efecto óptico del que lo mira o que a lo sumo, esa percepción es fruto de que en verano al llevar menos ropa, la gente parece siempre más delgada que cuando va abrigada. Esta es una teoría sumamente contrastada, según ellos, que no admite duda.

Y ni falta hace hablar de los caprichos culinarios, los cuales han dejado de formar parte de su vida. Ese croissant de chocolate de media tarde o esas natiilas que se incorporaban en la cesta de la compra, han desaparecido de su mapa mental y han pasado a ser pequeños privilegios casi burgueses. Y eso de decir, “..venga, un día es un día y me permito irme de tapas con unos colegas o comprarme un buen jamoncito en la charcutería del mercado, también pasan a ser una de muchas acciones que pasan a estar en el terreno del otro, son cosas que hacen otros y no él. Así que los “nuevos pobres” acostumbran a no ser partidarios de la teoría del “…un dia es un día”, la cual rechazan completamente, ya que afirman que decir que por un día no pasa nada es totalmente falso, ya que por un día, sí que pasa. Pero el “nuevo pobre” se consuela diciendo que su dieta actual es mucho más saludable y que incluso come mejor que antes.

Las necesidades se relativizan, pierden consistencia y alguna de ellas poco a poco se van convirtiendo en pequeños lujos a los que ya no se tiene acceso.

Respecto a la ropa, pasa tres cuartos de lo mismo, se convierten en unos verdaderos magos del reciclaje. Comprar ropa?? Eso le suena muy extraño, como un pretérito concepto digno de otros tiempos. Para el “nuevo pobre” las tiendas de ropa desaparecen, como si no existieran, se vuelven invisibles y de hecho en el croquis mental de su vida han sido totalmente aniquiladas. Para qué uno a va a comprarse ropa si ya tiene ropa, se pregunta. Les parece una obviedad de Perogrullo. Para que se van a comprar unos calzoncillos nuevos, si aún tienen calzoncillos que les compró su madre hace diez años y la goma aún no está excesivamente dada? Y a lo sumo, si hay alguna necesidad imperante, suelen nutrirse de la solidaridad de algunos amigos o conocidos cuando se quieren deshacer de alguna pieza de ropa que ya no necesitan, de este modo también les sirve para fortalecer los lazos relacionales.

Hay tres aspectos importantes por los que se puede identificar a un nuevo pobre por la ciudad:
Suele moverse en bici ya que los precios del transporte público no están al alcance de su bolsillo, acostumbran a llevar los tejanos rotos en la entrepierna por su longevo uso y en muchos casos, recosidos varias veces y si fuman, fuman tabaco de liar. Pero la prueba irrefutable es que si uno se fija cuando está liando su cigarrillo, se dará cuenta que no es nada hábil en su cometido, ya que hasta hace bien poco, fumaba cigarrillos en cajetilla y se ha visto obligado a aprender a liar los cigarros. Sus amigos se suelen reír de él por su escasa habilidad, pero a él no le importa y es feliz con la nueva aventura que cada día le presenta la vida, liarse sus propios cigarrillos. Se siente como un niño con un juguete nuevo. Aunque está en pleno proceso de aprendizaje, la autogestión de su propia nicotina le reconforta. Se dice que a pesar de ello, a veces sueña con que puede fumarse cigarrillos sin tener que liárselos, pero cuando se despierta y ve en su mesa la bolsa de boquillas y algún papel de liar tirado por ahí, la realidad de su vida le da una bofetada en la cara.

Así que si ven por ahí a alguien que va en bici, con los pantalones recosidos por la entrepierna que entra a un banco a bailar una muñeira y cuando sale tarda diez minutos para liarse un cigarrillo, no duden ni un instante, ante ustedes tienen un autentico “nuevo pobre”.

Esta nueva subespecie de la que estamos hablando también quiere acabar con la teoría de “…es mejor que te compres otro porque si lo llevas a arreglar te va a salir más caro”. Mentira! exclama el “nuevo pobre” en su interior cuando oye esta frase. Si lo puedes arreglar, mejor arréglalo, que seguro que te sale más barato, piensa. Y si tienes algún buen amigo que te lo pueda arreglar, mejor que mejor. Y si puedes arreglártelo tú mismo o alguien te puede enseñar a arreglarlo, aún mejor y si en última instancia, el asunto en cuestión, no tiene arreglo, es muy probable, que si te paras a pensar, quizás puedas pasar sin él. Total, en el fondo, hay pocas cosas estrictamente necesarias; tan solo se trata de ser creativo para adaptar tu vida a su ausencia y buscar el autoengaño necesario para justificarlo alegremente.

De hecho, se sabe que más de un “nuevo pobre” se le ha estropeado la lavadora y ante lo complicado que resultaba la autoreparación han apostado por lavar a mano la ropa. Se dicen a si mismos, que la lavadora tan solo lleva unas décadas entre nosotros y en cambio, la humanidad ha lavado durante siglos y siglos a mano la ropa, pues por algún motivo será. Así piensan que, en definitiva es una suerte que se les haya estropeado la lavadora, que así, se han convertido en herederos directos de una sabiduría popular que acompaña al ser humano des del principio de los tiempos. A parte, el jabón de lavar a mano es infinitamente más barato que el de lavar a máquina, pero bueno, esto no es más que un detalle.

En el fondo se trata de la misma estrategia que llevó a cabo con el tema de sus cigarrillos: un problema económico resuelto a través de la autogestión. Es decir que ante la imposibilidad de seguir pagando la astronómica cifra que cuestan los paquetes de tabaco ha optado por la autogestión de sus propios cigarrillos, dejando así de delegar en otros la manufactura de su vicio. Y con la lavadora ha hecho lo mismo. Ante la imposibilidad de reparar la lavadora, ha optado por la autogestión del lavado de ropa, dejando así de delegarlo en una máquina.

Lamentablemente como las lavadoras pesan tanto, en los pisos de los “nuevos pobres”, aunque no funcione, la lavadora sigue estando ahí, ocupando su espacio. Se han convertido en un inerte mueble, testigo de un tiempo pasado, que poco a poco va perdiendo su significado y se está planteando redecorarla de alguna manera, para sacarle un mínimo de provecho, aunque tan solo sea estético.

Uno de los aspectos más importantes y controvertidos es que poco a poco han ido abandonando la tesitura del buenismo. Han ido dejando atrás la obligación de ser correctos, legales y “buenas personas” y se replantean la obligatoriedad de tener que pagar ciertas cosas. Como mínimo se lo replantean, después hay algunos que van más allá y otros que tan solo se quedan en el intento. Pero lo que es seguro es que el planteamiento mental se lo hacen. Anteriormente el chip de buenos ciudadanos les decía que todo tiene un precio, que las facturas mal que bien se han de pagar y que es de buen señor ser buen pagador, pues bien, en algunos “nuevos pobres” este chip de buen ciudadano se ha ido averiando, hasta tal punto que algunos han decidido no repararlo, ni pedir a nadie que le ayude a repararlo y han decidido, pasar sin él, seguir viviendo sin este chip, al fin y al cabo no es una necesidad tan importante y como decíamos antes, las necesidades se acaban relativizando.

De este modo, el nuevo planteamiento mental al respecto es bien diferente y dice así: “…todo lo que pueda escaquearme de pagar… mejor!”. Así que si hay alguna posibilidad de no pagar la luz o el internet o si algún camarero por algún despiste se olvida de cobrarle el café o la cerveza o si algún centro comercial le pone facilidades para poder llevarse algo sin tener que pasar obligatoriamente por caja, pues bienvenido sea.

Acaban pensando que ser buenos ciudadanos le sale muy caro y es un lujo que no se pueden permitir.

Y qué decir de la vida social de “nuevo pobre”? Se podría definir como vida social no monetaria. Esas cenas de trabajo (si es que lo tienen) o de amigos, que valen alrededor de 18 euros por cabeza (sea calva o tenga melena), que siempre suelen venir con la coletilla de “…pues para ser de noche no es tan caro…”, acaban desapareciendo de su esquema mental de vida y suelen acabar pensando “…pues para ser de noche váis a ir vosotros porque yo no puedo”. Aunque algunos también acostumbran a excusarse de que les es imposible asistir a la cena y que en todo caso se pasarán a tomar el café, el cual, finalmente, tampoco acaban pagando porque por un café, el resto acaban diciendo “no tranquilo si ya lo pagamos entre todos…” lo cual no discuten y acatan con soberana alegría, porque al fin y al cabo lo importante es pasar un rato juntos, no? O al menos eso es lo que piensan para sus adentros.

Lo mismo sucede con esas salidas nocturnas de discotecas que se acostumbra a gastar entre 30 y 40 euros en copas. Este tipo de eventos son dignos del antiguo régimen. Algunos suelen pensar “…no es que yo ya soy mayor para estas cosas…” o “…es mucho más agradable hacer una cena o una fiesta en casa o en casa de algún amigo que no meterse en esos oscuros huecos de perdición mundana…”; allá cada uno con sus autoengaños que le permiten seguir viviendo, aunque quizás razón no les falte, a veces.

Siguiendo con el mismo tema, cabe decir que no suelen ser muy dados a discutir sobre quién paga la caña de cerveza cuando está con algún amigo. Es decir, que si el amigo le hace el típico comentario de “…venga que hoy invito”, esa palabra va a misa. Para que va a perder el tiempo discutiendo por quién paga o quien deja de pagar con la típica puja que no lleva a ningún sitio de “…no, no, ya invito yo…no insisto que quiero invitarte… no pero como vas a hacer eso, que llevo dinero… si, pero me apetece invitarte… bueno, es que me sabe mal, hombre… que no te sepa mal…bueno vale me invitas, pero el próximo día invito yo…” Así que para evitar esta confrontación dialéctica con su amigo, cuando su colega le dice que le invita, le falta tiempo para decirle: “…vale!” No entiende porque va a dejar a su amigo sin la satisfacción de hacerle esa invitación, sería un feo hacerle eso a un colega, piensa.

Una versión más osada de este tipo de actos es cuando el “nuevo pobre” estando con un amigo (normalmente de la confianza suficiente para poder “abusar” de él) y le dice de ir a tomar algo, pero le avisa de que no tiene dinero. Algo como así: “Oye, si quieres podemos ir a tomar algo, pero yo no tengo dinero…”. Es una estrategia bastante eficaz, ya que por un lado, tiene la iniciativa de mostrar interés por compartir un tiempo con su buen amigo y al mismo tiempo lo induce suavemente a que lo invite, ya que éste va a quedar muy mal si se niega a compartir su tiempo por una cuestión monetaria.

Y la estrategia más rastrera pero no por eso menos eficaz que acostumbran algunos “nuevos pobres” a hacer, es la de ir a tomar algo con alguien y cuando llega el momento de pagar, sacar el monedero y con ciertas dotes teatrales sorprenderse y exclamar: “ostras, si no llevo dinero, no me había dado cuenta…” , a lo cual el amigo suele decir “tranqui, ya invito yo…” y el “nuevo pobre” si ya tiene un alto grado de especialización será capaz de responder, asumiendo valientemente los riesgos: “no, hombre, no, ya voy a sacar dinero” y si las dotes teatrales han sido acertadas el amigo suele insistir diciendo: “ que no, que ya invito yo, ya pagarás tú otro día” y el “nuevo pobre” suele acabar acatando el deseo de quien se obstina en invitarle. Está de más afirmar que ese próximo día, ese otro día que le tocaría a él invitar, cuesta de llegar. Aunque alguna vez debe hacerlo, ya que si no, su nueva categoría social pondría en peligro la continuidad de sus amistades.

Evitar ciertas dosis de “rastrerismo”, a pesar de que sea un plato de mal comer, es un lujo que no puede permitirse.

Hincando el diente un poco más respecto a si vida social no monetaria, cabe destacar que algunos nuevos pobres, ya sea por casualidad o por causalidad, este último año, se han incorporado a las filas de la militancia social, gracias al auge de las asambleas de barrio por la ciudad de Barcelona y a la oleada de reivindicaciones que están habiendo en la ciudad debido a la estafa de la crisis, la cual cosa ha beneficiado enormemente en la calidad de su vida social.

Por un lado, en este tipo de ambientes de activismo social, tiene la oportunidad, de encontrarse, compartir espacios y experiencias con otros nuevos pobres como él, la cual cosa le resulta agradable, ya que siempre es grato estar entre tus iguales, siempre se genera cierto aire de calidez, comprensión mútua y solidaridad.

Y por otro lado, el activismo social siempre genera mil y una oportunidades de estar en la calle, realizando toda una serie de actividades, por las que no ha de pagar ni un euro. Porque hasta el momento y que yo sepa, ir a manifestaciones, hacer acampadas, caceroladas, bicicletadas, concentraciones, okupaciones, cercaviles, participar activamente en las huelgas, intentar bloquear el parlamento i/o la bolsa, es gratis (al menos de momento). Sí que puede haber algún pago colateral impuesto por la represión, pero eso es agua de otro molino.

Y para acabar de redondear el tema, otro aspecto del cual se puede beneficiar el “nuevo pobre” de este tipo de ambientes, es que abundan los mercados de intercambio, comidas populares a muy bajo precio y fiestas nocturnas en centros sociales donde no hay que pagar entrada y la bebida suele ser bastante económica. Como se puede comprobar es un ambiente que está hecho a su justa medida, donde se puede mover como sirena por el agua, ya que son espacios donde puede disfrutar de abundante visa social, casi no monetaria. Seguramente, muchos de ellos, se pudrirían en su soledad repleta de restricciones si no fuera porque participan en este tipo de ambientes.

De hecho, como estudioso del tema, recomiendo a todo aquel “nuevo pobre” que no se haya animado a embarcarse en el activismo social, que lo haga. Si no es por ideología, al menos que lo haga por su economía. Pero sobretodo, lo animo, porque le puedo asegurar que al menos será inmensamente más feliz.

Cambiando de tema, pero hablando de lo mismo, cabe destacar que hay algunos “nuevos pobres” que viven camuflados bajo el amparo de sus parejas y ni ellos mismos saben que lo son. Un gran porcentaje de los miembros de esta subespecie son solteros o solterones, ya que uno sólo, siempre resulta más complicado asumir los embistes económicos. Pero que vayan con mucho cuidado, los que están camuflados bajo el paraguas parejil y ya pueden cuidar bien su relación, porque un quiebro emocional les puede enfangar de pleno en los lodos del “nuevo pobre”. Por eso, muchos de ellos afirman que al fin y al cabo, que la pareja te meta los cuernos no están grave, que lo importante es el cariño que se procesan y la larga historia que les une.

Para ir acabando y teniendo en cuenta esta larga disertación sobre el “nuevo pobre”, cabe decir que sin comerlo ni beberlo, esta subespecie que tanto abunda por nuestras tierras, se convierte en un perfecto antisistema, ya que como podemos comprobar su afán reciclador lo dota de un importante componente ecologista, gran parte de su vida la basa en la autogestión, la solidaridad y el apoyo mutuo es su arma de subsistencia, actúa en frontal oposición al consumismo irracional, acumula cierto odio al banco que le endeuda la vida y es un potencial saboteador de aquellas entidades de las que puede escaquearse de realizar algún pago.

Así que no hay mal que por bien no venga, ya que, bromas a parte, algunos “nuevos pobres” han aprovechado su situación para tomar conciencia social de todos estos temas de los que hemos estado hablando, aunque aún está por ver, si algún día escapan de esta categoría social y vuelven a poder comprarse croissants de chocolate todas las tardes, si seguirán intercambiándose los zapatos entre sus iguales o volverán a pagar a plazos una mega tele de pantalla plana.

Si alguno de vosotros se ha visto identificado con el contenido de estás paginas, tan solo me cabe darle la bienvenida al mágico mundo del “nuevo pobre”. A diferencia del obrero explotado que al adquirir conciencia de serlo se transformó en proletariado, el “nuevo pobre” al adquirir conciencia de serlo, no sufre ninguna transformación, a lo sumo pierde la felicidad del ignorante. Y si alguno se identifica desde hace mucho años, tan solo tiene que quitar el calificativo de “nuevo” y dar alguna clases a los ingenuos novatos que corretean recientemente por la ciudad, que tendrán mucho que enseñarles y seguramente se lo agradecerán.

A pesar de todas estas vicisitudes vividas por el “nuevo pobre”, suele ser un espécimen bastante optimista, que encara la vida con alegría y a veces, incluso, con buen humor. No se sabe exactamente porque es así, ya que tangiblemente no tienen muchos motivos, pero empíricamente así está demostrado. Es un misterio que hasta los más estudiosos no han podido descifrar.

Algunos dicen que ya no hay marcha atrás que cuando uno prueba las mieles del “nuevo pobre” queda enganchado y ya no quiere salir de él, aunque piense que quizás, ciertas restricciones estaría bien no sufrirlas.

Así que si descubren en su entorno algún “nuevo pobre” y lo quieren hacer feliz, enséñenle a pinchar la luz o a piratear internet, que se lo agradecerá (si es que no lo ha hecho ya).

Y colorín colorado este cuento no se ha acabado!!!

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