depresión post-vacacional o un último halito de resistencia

8 Sep

Bonito diagnóstico psicológico sacado de la manga por los medios de comunicación y avalado por alguna asociación de psicólogos venidos a menos que se encargan de avalar lo que haga falta a cambio de lo que sea. Lo raro es que la industria farmacéutica no haya sacado al mercado alguna nueva medicación contra este tipo de síndrome (supongo que con los ansiolíticos y los antidepresivos ya tienen en cupo cubierto).

Esta es una de esas depresiones que una parte importante de la población española desearía tener, pero no puede, por no tener trabajo o tener unas modernas condiciones laborales, que vetan la palabra vacaciones y la otra parte de la población desearía no estarla sufriendo.

Pero adentrémonos un poco en el tema y meditemos sobre si el hecho de sufrir esta depresión es algo bueno y saludable o por el contrario es un calvario por el cual mejor no pasar.

De entrada, hay algo obvio y es que para sufrir este tipo de depresión, se hace estrictamente necesario tener un trabajo y que te hayan concedido algunas semanas de vacaciones.

Así mismo, no hay que olvidar que para sufrir este tipo de trastorno también se hace necesario no ser de esa minoría que no le hace falta trabajar o que trabajan a cambio de una nómina repleta de ceros, cuya depresión será debida a que, en vez de estar disfrutando de unos días de lujo en un destino exótico, han vuelto al lujo de su vida cotidiana.

Bien después de estos dos datos obvios, pero objetivos, que han servido de introducción, pasemos a la parte subjetiva, que siempre es la más interesante.
Personalmente creo que sufrir este tipo de depresión es algo muy saludable y natural, que no es lo mismo que deseable, evidentemente.

Cómo uno/a no va a estar deprimid@ cuando se ha pasado varias semanas sin trabajar, sin horarios, sin jefes, ni estreses laborales y en cambio ha estado en la playa o en la piscina o en la montaña o en su propia casa haciendo lo que le viniera en gana con quien más le apeteciera y teniendo todo el tiempo para él o ella? Cómo no va a deprimirse cuando después de estar todo ese tiempo disfrutando de la totalidad de su tiempo, ahora le toca volver a trabajar sabiendo que le quedan unos largos once meses (si tiene suerte) de por medio hasta las siguientes vacaciones? Me parece que lo más normal del mundo es deprimirse. Es una reacción natural y hasta me atrevería decir que es una reacción sana de la mente. Lo malo sería que dicha situación no afectara a la persona y casi enfermizo sería, que volver al trabajo alegrara a la persona. En este último caso, sí que me atrevería decir que algo rechina en el interior de la cabeza de esta persona y que urgentemente debería hacerse alguna revisión, ya que una grave patología circula a sus anchas por su mente.

Normalmente cuando la persona se alegra de volver al trabajo es porque hay algo en su vida (extra-laboral) que no funciona y prefiere refugiarse en el trabajo. Su mundo laboral surge como un bálsamo para el resto de su angustia vital. Sus preocupaciones, infortunios, el desencanto con su propia vida y la incapacidad de afrontar la misma, superan en creces al posible hastío de su trabajo. Es por ello, que trabajar surge como algo casi deseable, gracias al cual durante ocho horas diarias puede mirar hacia otro lado y olvidarse de sí misma. Es triste pero es así. Y es muy probable, que quien más y quien menos haya pasado por este trance, aunque sea por un corto lapso de tiempo (igual que hay otros y otras que llevan así casi toda su vida). Repito que es triste y casi tristísimo, preferir una vida no propia, una vida ficticia y alienada, una vida no vida, antes que la propia, pero es una realidad que atraviesa a muchas personas.

Después hay los que afirman que, algo de ganas tienen de volver a trabajar por motivos colaterales al mismo: por volver a la rutina, por volver a ver a los compañeros/as de trabajo…

Pero en el fondo ellas mismas saben que no son más que pequeñas estrategias para hacer más liviano ese impasse, autoengaños necesarios para seguir viviendo, es decir, la vaselina requerida para adormecer el dolor de pasar por el tubo.

Cambiando de tercio pero hablando de lo mismo, es divertido ver como para estas fechas en los informativos televisivos siempre aparece un experto/a, con cara de experto/a, que suele ser una psicóloga/o, hablando del tema y enumerando los síntomas de este tipo de depresión. Valga decir que esta persona, fácilmente podría ser el técnico de luces del plató del telediario que la han disfrazado y le han pasado un guion, ya que lo que dice es tan obvio, que no hace falta tener mucha carrera de psicología para ello. Suele afirmar que los síntomas son: tristeza, ansiedad, dolor de cabeza, insomnio, dolores estomacales, etc.

En definitiva, que una experta/o, que parece que acabe de descubrir la sopa de ajo, nos viene a decir que nos encontramos mal porque tenemos que volver al trabajo. Pues claro! Cómo quieres que estemos? Contentos?

Y que solución nos dan estas personas expertas para salir de dicha depresión? Pues que no hagamos vacaciones tan largas, es decir que las partamos en dos o tres bloques durante el año y que si vamos de viaje volvamos a casa dos o tres días antes de empezar a trabajar, para que tengamos tiempo de aclimatarnos a la “normalidad”… con perdón y hablando en plata: “pero que mierda de solución es está? Acaso nos toman por gilipollas?…disculpen las formas, pero es que a veces se hace estrictamente necesario perder las formas por una cuestión de salud mental.

De manera que la solución que nos ofrecen es que hagamos menos vacaciones y que hipotequemos dos o tres días de nuestras vacaciones para acostumbrarnos a la dinámica de la normalidad (véase normalidad como eufemismo de vida estresante cargada de cansancio físico y psíquico por las abundantes horas de trabajo). Pues vaya! La hemos hecho buena! Debo perder días de vacaciones para no sufrir la depresión post- vacacional…pues quizás prefiero padecer intensamente este tipo de depresión antes de hacer menos días de vacaciones, no?

Dichas personas expertas serán realmente psicólogos/as, técnicos de luz o realmente son miembros de la patronal camuflados? Lo cierto es que sus consejos son los mismos que anhela mi jefe, será casualidad?

Otro consejo que nos ofrecen es que tengamos paciencia, nos lo tomemos con calma y que los primeros días de trabajo vayamos un poco al ralentí.

Vaya! De nuevo no encontramos con sabias palabras dignas de un gran intelecto. Pues claro, señores y señoras, qué se piensan? Que después de estar de vacaciones voy a volver al trabajo a rendir al 200 por cien, motivadísimo, con ganas de darlo todo por la empresa, pues evidentemente que no. Me lo voy a tomar con algo más que calma (si el trabajo y sus jefes/as me lo permiten), voy a dejar para mañana o para la semana que viene lo que se pueda hacer hoy y voy a intentar escaquearme lo máximo posible, solo faltaría!!!

Pero para llegar a estas conclusiones no se requiere ser muy experta, tan solo ser un poco sincero con uno mismo y escuchar lo que el cuerpo te pide. Es una reacción natural de nuestro cuerpo y de nuestra mente ante la imposición.

Bien, pues si la solución que nos ofrecen los expertos, como podemos ver, no nos sirven, ni convencen, qué solución le podemos dar a este tipo de depresión? Cuál es el secreto para deshacerse de ella? Pues siento decirles, que no hay solución. No hay una solución real y definitiva. Todo lo que le podemos aplicar son parches y parches y más parches y autoengaños varios que nos permitan seguir tirando, pero una solución definitiva a día de hoy, es decir, a corto plazo no existe. Es triste y doloroso, pero así está montado el sistema en el cual vivimos y con el cuál cooperamos con nuestra pasividad.

De hecho, aquello que nos permite seguir viviendo incluso alegremente, después de éste importante bache es el “qué le vamos a hacer…”, “es lo que hay…”, “es lo que toca”, “así son las cosas…”, es decir, conformismo y resignación. Estos dos elementos son los nutrientes básicos de toda la variedad de autoengaños que le queramos aplicar a nuestra vida para salir “impune” de esta pequeña barbarie. Y claro, la resignación es la madre de todas las depresiones, de modo que lo que hacemos es camuflar una depresión explicita, que nos dura unos días, en una depresión latente, camuflada, que es la generadora de una gran parte de nuestra insatisfacción vital que nos acompaña durante el resto del año.

Otro aspecto importante que nos “ayudaría” a salir de este trance es la fatal capacidad del ser humano de acomodarse a casi todo y el hecho de que uno va conformando su mente a través de lo que va haciendo, de manera que cuando acumulamos autoengaño tras autoengaño para seguir viviendo, llega un punto que se hace muy difícil echar la vista atrás para volver al origen e irlos desarmando. Simplemente se vive en un plano de realidad des del cual uno ya casi ha perdido la capacidad de plantearse la existencia y la naturaleza de sus autoengaños, pero bueno, ese sería un tema a profundizar en otro texto…

Otras excelsas mentes nos dicen que la clave de todo estaría en la aceptación, la serena aceptación de tu realidad tal cuál es, pero sinceramente, aceptar un realidad indeseable, no sé si acaba de ser un buen negocio para tu propia salud mental.

Para compensar el aire depresivo de este texto, que reconozco que ha sido fruto de mi propia depresión post-vacacional, procederé a dar una pequeña nota de color, para que no digan que soy víctima del realista pesimismo.

Sí, que hay un remedio eficaz y definitivo contra la depresión post-vacacional, que no pasa por el conformismo, ni la resignación. Os diré cuál es la clave, el quid de la cuestión, el secreto codiciado por tantos y ocultado por unos pocos que no quieren por nada del mundo que salga a la luz, ya que desmoronaría el sistema a partir del cual se enriquecen a costa de los demás.

La solución eficaz y definitiva es……la abolición del trabajo!

Sí, sé que muchos de los que estéis leyendo este texto, creeréis que no hablo en serio, que estoy de cachondeo o pensaréis, que “este tipo está chalado! como vamos a vivir sin trabajar? Es imposible! La sociedad se desmoronaría!”
Y sí es cierto, la sociedad tal como está montada en la actualidad se vendría abajo, pero hacer venir a bajo algo que fomenta la resignación, el conformismo y en consecuencia la depresión, quizás pueda ser una buena idea, no creéis?
Evidentemente, me estoy refiriendo a la abolición del trabajo asalariado tal como hoy lo entendemos, ubicado en un contexto político-social marcado por las directrices del capitalismo, neoliberalismo y todos sus allegados.

Claro que para llevarse un pedazo de pan a la boca hay que realizar algún tipo de esfuerzo, que el maná no te va a llover del cielo. No estoy hablando des de la ingenuidad o des de la concepción meramente hedonista de la vida. Pero ese esfuerzo necesario para vivir, se puede llevar a cabo de muchas maneras y no tan solo a través del modo actual. De la necesidad de alimentarse y cubrir tus necesidades básicas, a la creación de un sistema depresivo y alienante para conseguirlo, hay un trecho bastante importante. Hay tantas maneras de vivir como uno luche colectivamente a pulmón abierto por conseguir.

La mente es muy maleable y lo que a día de hoy le parece imposible, a medida que va caminando hacia ello, las neuronas van realizando nuevas conexiones aún no conocidas por la masa cerebral de dicha persona y de repente, un día ve con clara nitidez, que aquello que un día veía imposible, se ha tornado, no solamente en posible, sino que además en algo totalmente necesario.

Y cómo realizar la abolición del trabajo? Pues a través de una revolución social. Una revolución que tire a tierra los pilares de la sociedad actual. Una revolución que ponga los cimientos de una vida sin explotadores, ni explotados, ni dominadores, ni dominados, en la que seamos capaces de cubrir nuestras necesidades básicas de una manera no alienante, irracional y depresiva, como lo es la actual. Una revolución que nos facilite vivir en una estructura social que fomente el pleno desarrollo de las potencialidades de las personas de una forma sana y creativa y así deshacernos de la estructura actual que, como ya hemos visto, es una terrible máquina de generar personas alienadas, conformistas, miedosas, sumisas, depresivas e infelices. Construir una sociedad que estimule la felicidad de las personas no su consumo y explotación.

Llegados a este punto, más de una pensará de nuevo que este tipo (que soy yo) está un poco chalao… nos dice que para curarnos la depresión post- vacacional, tenemos que hacer la revolución social…

Sí ya sé que suena un poco grandilocuente y que en todo caso se trata de una solución a largo plazo, a la cual no llegaremos pasado mañana, pero como más de una vez se ha dicho, lo importante es estar en el camino y sobretodo saberse en el camino. De manera que si en nuestro presente ponemos gran parte de nuestra energía dirigida hacia esta revolución, seguramente, algunos de los males de la depresión post vacacional se verán aliviados, ya que en ello hay una toma de conciencia y un caminar hacia una solución.: Hay luz, no hay impotencia…hay un accionar hacia algo deseado, no hay conformismo… hay saber que en parte está en tus manos, no hay indefensión… hay un sentimiento de responsabilidad sobre tu propia vida, no hay tediosa deriva… hay plenitud y satisfacción vital, no hay abulia y depresión…
Pues bien, ya sabéis, resignación o revolución, que cada uno elija el camino que quiere tomar.

Y si sois de los que estáis sufriendo en estos momentos, la depresión post-vacacional, pensad que en el fondo no es más que un hálito de resistencia y rebeldía de tu persona. El último reducto de aquello salvaje y no domesticado que vive dentro de nosotros. Una inquietante forma de expresión de nuestro amor por la libertad, que por mucho que quieran ocultar o que nosotros mismos no queramos ver, siempre está ahí, para recordarnos, que es uno de los pilares básicos de nuestra existencia, que dota de sentido a la misma. Es una reacción tan natural y sana como la del prisionero que quiere huir de la cárcel.

*este texto ha sido escrito gracias a mi depresión post- vacacional a mis “sinceros” sentimientos hacia el mundo del trabajo y sobre todo gracias a la muy recomendable lectura del libro de ERICH FROMM “Sobre la desobediencia”

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2 comentarios to “depresión post-vacacional o un último halito de resistencia”

  1. Antonio septiembre 9, 2014 a 9:37 am #

    Destacaría muchas partes pero solo a modo de ejemplo:

    – Me he reido mucho cuando haces el comentario del psicólogo que explica las características de la depresión post-vacacional podría ser algún técnico de la luz….

    – La reflexión sobre solo faltaría no tener depresión post-vacacional… “el `´ultimo reducto de aquello salvaje …..

    Como siempre Andreu… detrás de un texto de humor se dicen muchas cosas serias… un placer leerte…

  2. Argiñe septiembre 12, 2014 a 12:18 pm #

    Un texto muy bueno Andreu, me ha gustado mucho, sencillo, claro y dando en el clavo.

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